En
el diálogo entre el monje budista Matthieu Ricard y el filósofo Jean-Francois
Revel se da un debate de sus diferentes ideas sobre el "yo",
la sabiduría, la religión, la felicidad y la ciencia. De acuerdo al budismo el apego al “yo” impide al ser humano actuar libremente
hacia el futuro y no permite una acción justa; sin embargo según
el pensamiento occidental negar la existencia del “yo” evade la
responsabilidad y termina en fracaso. El pensamiento racional occidental defiende
la libertad inmediata y superficial, pero el budismo plantea la libertad
interior, que liberara nuestras acciones y las hará justas mediante el
conocimiento interior. Para el budismo negar el "yo" es una
experiencia liberadora, permite actuar con mayor libertad.
Frente a la pregunta: ¿qué es lo que da sentido a la existencia? se plantean vías. La primera es la religión monoteísta que propone que la finalidad de la existencia es una verdad vinculada a la trascendencia y la búsqueda de la felicidad eterna implica la confesión, el perdón, la absolución y redención de los pecados. Llegado a este punto hay algo que es importante reflexionar, los cristianos perdieron la moral, siendo creyentes en Dios asesinaron, esclavizaron, etc. Todo esto sin perder la idea de ir al cielo porque Dios perdona a todo aquel que quiere ser perdonado, este pensamiento del cristianismo es peligroso, actuar justamente porque Dios lo manda así impide actuar justamente porque tu así lo quieres, porque te pones en el lugar del otro, porque comprendes el sufrimiento ajeno como el tuyo, comprendes lo que se siente una injusticia y porque entiendes que compartes este mundo con otras personas y seres vivos y que tienes mucho en común con ellos.
La
segunda vía es filosófica, que se conduce más hacia el conocimiento puro y
olvida la búsqueda del sentido de la existencia, debido a la ciencia se tiene
la convicción de un conocimiento objetivo al que pueden acceder todos.
Occidente pasa de ser la civilización de la creencia a la de la prueba, es
decir, la creencia en la ciencia reemplaza a la creencia en la sabiduría. Esta
nueva realidad transforma las
condiciones de la existencia, las vuelve más cómodas pero no le da un sentido. Siguiendo
esta línea, el budismo plantea que el progreso material provoca la mala calidad
de las relaciones humanas y de la vida, en otras palabras, fabricas tantas
cosas que no necesitamos nos hace prisioneros de un engranaje superficial, en
el afán de ganarse la vida el ser civilizado pierda su vida y sus relaciones
humanas se vuelven de mala calidad. Luego el filósofo plantea que los tibetanos
no han elegido la sabiduría budista libremente; sin embargo, recordemos que la
religión cristiana ha sido casi siempre impuesta violentamente, por no decir,
cruelmente en muchas partes del mundo.
Una
parte que para mi resalta en todo el dialogo es un pensamiento de Dalai Lama
que comparto: “Al observar atentamente la
vida en las ciudades, se tiene la impresión de que todas las facetas de la vida
de los individuos han de definirse con gran precisión, como un tornillo que
hubiera que encajar exactamente en el agujero. En cierto sentido no tenéis
ningún control sobre vuestra propia vida. Para sobrevivir debéis seguir ese
modelo y el ritmo que os es impuesto”. Esto no quiere decir que me incline
al budismo, no termino de estar totalmente de acuerdo con ninguna ideología,
comparto algunas partes pero no me encierro en una cárcel ideológica.
Para
el filosofo el motivo del interés por el budismo de parte de Occidente es que
al tener muchas necesidades superfluas cubiertas y sentirse frustrados buscan
que tiene para decir el budismo. Al referirse a la educación, el monje plantea
que esta debe ser algo más que acumulación de conocimientos, debe ser una verdadera
formación del ser.
Finalmente
la tercera respuesta Occidental es la idea de que la felicidad del humano puede
darse mediante una revolución social o la destrucción de una sociedad para
crear otra, por lo tanto el sentido de la existencia ya no es individual, es
colectivo. El monje cuestiona el esperar que un todo sea bueno si sus partes no
lo son, para el filósofo es una utopía típica. El filósofo describe dos
ideales, uno es el del progreso científico que aseguraría el bienestar material
y liberaría al humano de las preocupaciones, otro es el de las relaciones
justas. La utopía de la revolución social implica que el individuo pase a ser
un “hombre-perno” que sirve a la maquinaria social del comunismo. Hasta esta
parte hay dos figuras que analizar, la figura del tornillo que sirve a la
ciencia y a la vida racional y la figura del “hombre-perno” que sirve a una
maquinaria social, en ambos casos el ser humano no se libera de la dominación,
sea de la vida esquemática o de la vida limitada por la clase social impuesta,
es explotado y no tienen el control de su vida en ambas situaciones, puesto que
siempre existe el gobernador de las masas, el rey de los siervos, el presidente
de los ciudadanos, la decisión de la mayoría, el ser humano no deja de vivir
para otros que están blindados ante la justicia, blindados ante todo y
todos/as. La ciencia ha destruido el medio ambiente y las sociedades comunistas
fracasaron.
El monje propone que lo que le da un sentido a la existencia no es el progreso material, sino una transformación del ser mediante la sabiduría, el filosofo piensa que el límite de todas las religiones es la muerte, esto implica que puede haber un mas allá o puede haber una aniquilación total del ser. Para el budismo dar un sentido a la vida por el conocimiento, por la transformación interior, es una realización que esta fuera del tiempo. Según el monje la comprensión de la naturaleza del ser y de la mente, de la ignorancia y del conocimiento, de las causas de la felicidad y del sufrimiento tiene un valor en el presente y siempre. Finalmente el filosofo le cede la última palabra al monje por ser más optimista, la idea de que la muerte no cambia la realización espiritual, la verdadera realización espiritual trasciende la vida y la muerte: es la verdad inmutable que uno mismo actualiza dentro de sí, una plenitud que no depende del acontecer.
El
filosofo y el monje plantean sus conclusiones del dialogo. El primero siente
que las conversaciones le han inspirado una admiración creciente por el budismo
como sabiduría y un escepticismo cada vez mayor como metafísica, también ha
logrado identificar las razones por las que Occidente está siendo atraído por
esta doctrina y es debido a un vacío moral y del arte de vivir que la filosofía
Occidental ha dejado. Con el surgimiento de la ciencia, a la filosofía solo le
quedo estudiar la metafísica. El conocimiento y la sabiduría son
complementarias, pero la razón del primero es guiar hacia la segunda, que es
prioritaria. La ciencia carece de moral y de sabiduría. La filosofía ha perdido
importancia y el fracaso de las utopías políticas ha causado el retorno a la
búsqueda de una sabiduría personal. Además el filósofo explica que ha
descubierto un importante componente del budismo: su proyección política,
puesto que plantea una ciudadanía del mundo. Por último piensa que las
enseñanzas budistas tienen mucho por ofrecer y que Occidente triunfo en la
ciencia pero perdió su moral y sabiduría, por lo tanto Oriente puede aportar su
moral y sus normas para vivir, aunque carezcan de fundamentos teóricos, o dicho
en otras palabras, la sabiduría no se fundamenta en una certidumbre científica
y la certidumbre científica no se dirige hacia ninguna sabiduría. Ambas
existen, por siempre inseparables y separadas, es decir, en complementación.
El segundo concluye que el budismo propone una ciencia de la mente, estamos todo el día ocupados en nuestra mente y el mínimo cambio de esa mente tiene consecuencias en nuestra existencia y en la percepción del mundo, por lo tanto el propósito del camino budista es ayudarnos a ser mejores personas. La ciencia nos ayudo a vivir mas cómodos con ayuda de cosas materiales pero nunca podrá ayudarnos a ser mejores personas porque la única manera de vivir una existencia de calidad es dándole sentido interiormente, conociendo y cambiando nuestra mente. El budismo parece disponer de los medios necesarios para aportar a la paz interior.
En
mi opinión si es importante perder el apego al “yo” porque uno no es uno mismo
por sí solo, es parte de su ecosistema, todo está relacionado y todo está en
movimiento, los limites los ponemos nosotros pero si logramos ver más allá de
la realidad impuesta por nuestra rutina diaria nos daríamos cuenta de que nada
tiene un final definido, cuando parece que has terminado de hacer algo, lo
sigues haciendo, cuando parece que has salido de un lugar, sigues adentro, nada
está separado, todo se complementa.
Cuando un bebé nace no distingue donde se separa una persona del paisaje, los limites están difuminados, sin indistinguibles, esa debería ser nuestra visión desde el pensamiento, entender que todo está mezclado y en movimiento. Imaginemos que accedemos a todos los bienes materiales existentes, estaríamos muy ocupados cuidando que nadie nos los robe y usándolos, sin un sentido más importante por el cual vivir y con una mala calidad de relaciones humanas.
Por Adriana Villasante

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