Díaz
reflexiona sobre el profeta, la historia y la esperanza. Según el autor la palabra del profeta esta
representada en la historia y determinada por ella, por lo tanto es necesario
conocer el contexto histórico en la lectura de la palabra de los profetas, lo
que pasaba en su entorno determinaba lo que ellos decían. El autor reflexiona
sobre el dominio de Asiria sobre otros reinos y sobre el dominio de Babilonia,
un nuevo imperio hegemónico, un devastador destruye a otro para imponerse. Díaz
plantea que en determinado contexto histórico Dios estorba en las decisiones
políticas, por lo cual no se le consulta a este, ni a su profeta. En el
contexto histórico que describe el autor y en todos, en mi opinión, hay poca justicia
y demasiada violencia, la violencia criminal esta institucionalizada y bien
protegida. Para muchos seres humanos es más fácil negar que asumir, ser
indiferente que comprometerse, por ello el autor plantea que el silencio y las
omisiones también pueden ser juzgados. Esto me hizo recordar un pensamiento:
“Grave contradicción, no tomar posición es tomar posición”.
Díaz
concluye que la palabra del profeta es histórica porque asume la verdad de la
historia que en muchas ocasiones nos avergüenza. Los profetas nos enseñan a
vivir la historia y asumirla para poder salvarla, son claros, lucidos y
sensibles ante el entorno y que contradice el proyecto de Dios. Por esto,
actualmente, también necesitamos ser y salvados por la esperanza, la tarea de fortalecer
y despertar la esperanza es hermosa y necesaria en estos tiempos.
Por Adriana Villasante

Debo asumir que tiraste la toalla, como quien dice...
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